La henificación de alfalfa es secar la planta en el lote hasta una humedad que permita conservarla como heno. Son cuatro pasos —cortar, orear, rastrillar y enfardar— y la calidad se define sobre todo en el tercero: el rastrillado es donde se desprende la hoja, que es la parte de la planta que concentra el valor nutritivo.
El rastrillado parece un paso menor y es donde se juega la calidad. En el corte la planta todavía está húmeda y flexible, y la hoja aguanta; cuando llega el rastrillo el material ya se secó, y la hoja seca se desprende del tallo con muy poco movimiento.
Todo el proceso se puede resumir en dos umbrales. Entre 40 y 50 % de humedad para rastrillar: por debajo la hoja se quiebra al primer contacto, por encima el material todavía tiene demasiada agua para pasar al fardo. Y por debajo de 18 % para enfardar, porque un fardo con agua fermenta, se calienta y pierde valor.
Entre esos dos números hay, según el día, unas pocas horas. Y no se puede reemplazar por una regla de días: la velocidad de secado cambia con la radiación, la humedad ambiente, el viento y el ancho de la andana. Dos lotes cortados el mismo día, con el mismo equipo, llegan a la ventana en momentos distintos. Por eso la decisión es medir, no calcular.
Rangos de manejo estándar, a confirmar contra bibliografía local antes de publicar. La medición propia en campo argentino está pendiente para la jornada de septiembre de 2026.
Estado de prueba: bibliografía externa. Los rangos de esta nota provienen de bibliografía y ensayos externos, pendientes de completar con la cita exacta. La medición equivalente en campo argentino todavía no existe. Así medimos. Cuando cambie el estado, esta nota se actualiza y cambia la fecha.

